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El pasado viernes, 26 de abril, celebramos en buena compañia el Día de la Visibilidad Lésbica y hubo de todo: encuentro, políticas lésbicas, proyecciones, fiesta...
Primero, y gracias a La Sorora Subversiva, Tambora Feminista, hicimos un pasacalles por Las Canteras y acabó con una besada.
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A continuación seguimos la celebración en la azotea de la Asociación Atlas, en el que disfrutamos de DJ Graki, compartimos comida vegana.
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Acabamos con la proyección de los cortos ganadores del Certamen de Cortos de la FELGTB por la Visibilidad Lésbica Mayores sin Armarios y la lectura del siguiente manifiesto:

Tal día como hoy, 26 de abril, día de la visibilidad lésbica, desde el el Grupo de Políticas Lésbicas de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), el colectivo Gamá y el grupo Sáfores queremos insistir en la importancia de tomar el espacio público, de hacernos visibles, de pronunciarnos lesbianas en un mundo donde ser mujer de por sí ya es una opresión, en un mundo en el que elegir compartir nuestras vidas con otras mujeres a veces es tomado como una amenaza al sistema, a la familia… y se cuestiona nuestro derecho al matrimonio, a la maternidad, a la salud, etc.

Aún en pleno Siglo XXI se hace necesario reivindicar la visibilidad de las mujeres lesbianas, que tras siglos de invisibilización,  seguimos con nuestros derechos y libertades menguados a causa de la cultura heteropatriarcal, androcentrista y machista heredada.

En la actualidad, las mujeres Lesbianas, siguen permaneciendo invisibilizadas, y disponemos de pocos referentes en la producción cultural, gráfica, musical, literaria, política, periodística, televisiva o en cualquier otro medio de comunicación, cuyas consecuencias llevan a miles de mujeres a sentirse “diferentes”, “raras”, excluidas, habitantes de la frontera con la normalidad.  Es imprescindible para la mirada de cientos de miles de mujeres que se relacionan con mujeres que estos referentes se visibilicen, que nos ayuden a normalizar la existencia de la identidad lésbica, así como que visibilicemos la cotidianidad de nuestras relaciones.

Todas conocemos mujeres mayores lesbianas que han vivido su identidad desde el silencio, la vergüenza o el miedo en una sociedad profundamente lesbófoba. El impacto negativo sobre su persona y sus vidas ha sido durísimo:   sufrimiento y soledad, imposibilidad de proyectar una vida en pareja de manera satisfactoria, enormemente presionadas por un entorno muy hostil a las relaciones entre mujeres.

Durante la dictadura franquista, los hombres gais y las mujeres transexuales fueron perseguidas y encarceladas según dictaba la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación social, pero las mujeres lesbianas fueron completamente invisibilizadas, trasladadas y encerradas en centros psiquiátricos, fueron analizadas y patologizadas.  Las pocas que se atrevieron a salir de los armarios fueron tratadas con dureza, discriminadas y humilladas públicamente.  “Desviadas” fue el calificativo más suave.

En la actualidad, estas mujeres siguen siendo objeto de discriminación por parte de la administración para acceder a determinados servicios sociales como residencias de la tercera edad, donde, en ocasiones han de volver a invisibilizarse por falta de apoyo institucional. Y aquellas que nunca pudieron visibilizarse, continúan a día de hoy sufriendo la soledad y el silencio, una demoledora barrera que dificulta las relaciones familiares o de amistad, tan necesarias en la última etapa de nuestras vidas.

Las personas mayores tienen una identidad sexual activa y prolífica que es invisibilizada y denostada por los prejuicios sociales que pretenden rebajar la sexualidad a un mero proceso reproductivo; reservado para personas fértiles y donde el placer sólo es legítimo para unos pocos. Esta injusticia se acentúa en el caso de las personas mayores lesbianas; que sufren, incluso, una triple discriminación. Ser mayores, ser mujeres y ser lesbianas. Se les ha robado su identidad, su derecho al placer y su lugar en el.

Reivindicamos para nuestras mayores, gracias a las cuales hemos llegado hasta aquí, que se les devuelva su sexualidad, que se les devuelva su lugar y su voz en los espacios públicos. Que su innegable y legítimo deseo de disfrutar de sus cuerpos con quien les plazca nunca más sea objeto de vergüenza o discriminación.

Es, sobre todo en las zonas rurales, donde el impacto de la invisibilidad es más grande, por ello celebramos a todas las mujeres con proyección pública a que se visibilizan, dando la oportunidad a miles de mujeres de verse a sí mismas con la mirada de la cotidianidad, con la certeza de la igualdad, con la ilusión de sentirse dignas de su derecho a una vida plena:  la posibilidad de empoderamiento en un mundo que aún aplasta sus identidades.

Reivindicando la Visibilidad podemos entre todas seguir avanzando en derechos, ya que lo que no se nombra no existe, sin visibilidad nuestras instituciones seguirán ignorando nuestras reivindicaciones más básicas.

Ejemplo de ello es la discriminación en los derechos sexuales y reproductivos.   Existe aún una falta de protocolos específicos en ginecología para la atención sanitaria de las mujeres que tienen sexo con mujeres, ya sean cis o trans.  Falta de información y campañas de prevención o políticas de salud sexual, sobre todo en cuanto a las infecciones de transmisión sexual (ITS) en mujeres que mantienen relaciones sexuales con otras mujeres.  Existe, así mismo, desconocimiento sobre la realidad trans en los centros sanitarios, lo que dificulta la realidad de las mujeres trans lesbianas.

En diversos puntos de España se da también la imposibilidad a las mujeres lesbianas de acceso a las técnicas de reproducción asistida en la sanidad pública.  Este derecho se perdió en 2013 con el gobierno del PP y Ana Mato a la cabeza del Ministerio de Sanidad, que excluyó a las mujeres lesbianas y solas de la reproducción asistida en la Sanidad Pública, alegando que “la falta de varón no es un problema médico”. Aunque algunas comunidades autónomas decidieron no aplicar esta medida discriminatoria, miles de mujeres han tenido que lidiar con las consecuencias:  desembolsos de grandes cantidades de dinero en clínicas privadas, tratamientos interrumpidos, litigios en los tribunales… 

El actual gobierno adquirió el compromiso de dar cobertura a las mujeres solas y con pareja mujer, pero a día de hoy esto no se ha materializado, llegando incluso a tirar por tierra todo el trabajo realizado para la aprobación de una Ley de Igualdad que se ha quedado paralizada.  Tras estas elecciones habrá que empezar de cero.

Por eso nos solidarizamos con nuestras hermanas y compañeras que han sufrido y sufren esta injusticia. Les ofrecemos nuestras voces para gritar junto a las suyas, nuestros hombros para apoyarse en esta incesable lucha para, no solo alcanzar una igualdad real, sino para luchar una y otra vez por los derechos que nos dan y nos quitan, utilizando nuestras vidas y derechos en su juego político.

Otras de las discriminaciones hacia las mujeres con pareja mujer, es que tienen necesariamente que estar casadas antes de que nazcan sus bebés para poder inscribirlos en el registro civil, a diferencia de las parejas heterosexuales. Además deben hacerlo de forma presencial, y se debe acudir con el libro de familia.  Las parejas de mujeres no casadas no pueden inscribir conjuntamente a su bebé, la no gestante debe iniciar un proceso de adopción de su propio hijo, algo que no ocurre en las parejas heteroxuales.  En nuestra sociedad sigue primando un modelo de familia tradicional que deja fuera las necesidades de muchas mujeres que han optado por una vida familiar compuesta por dos mujeres, saliéndose así de los cánones establecidos. 

Otro ejemplo del rechazo hacia las familias homoparentales es la discriminación institucional y administrativa a la que se nos somete en los procesos de adopción. La homofobia institucional aún arraigada en el Estado Español, nos dificulta, casi imposibilitando nuestro derecho a conquistar un deseo de vida familiar.

Otra consecuencia negativa de la invisibilidad es la violencia y los delitos de odio.  Las mujeres lesbianas son tratadas tradicionalmente y a menudo por los hombres heterosexuales como un “trofeo” para sus juegos eróticos, considerándose como un objeto sexual pornográfico, viciosas, promiscuas y no aptas para el respeto como personas.   Un estigma super machista ante el que hay que lidiar, y que muchas veces provoca violencia contra las mujeres lesbianas. Visibilizarnos nos dignifica, y eso deshace y derriba toda esta basura cultural.

Según el informe de delitos de odio elaborado y presentado por FELGTB en noviembre de 2018, entre un 60 y un 80% de los actos violentos que sufre el colectivo no se denuncian.  En este sentido, queremos destacar que  de los casos de violencia sí denunciados, el 73% fue cometido contra hombres gais, mientras que solo el 21% fueron denuncias realizadas por mujeres lesbianas.   Y por otra parte, de las 332 denuncias analizadas en total, sólo 21 corresponden a personas transexuales:  18 mujeres y 3 hombres.

Gracias al trabajo de las entidades federadas  y a otras investigaciones paralelas, sabemos  que estos datos no demuestran que los hombres sufren mayor violencia que las mujeres, sino que están más empoderados para denunciar.   La invisibilidad impide el acceso a la Justicia. 

Otro de los aspectos relacionados con la necesidad de la Visibilidad es la discriminación laboral.    Las mujeres lesbianas, que ya sufren la discriminación por ser mujeres en nuestros entornos laborales, son castigadas además por su orientación sexual.  Los techos de cristal se duplican, la brecha salarial es aún más sangrante.  

En este año temático de Mayores sin Armarios ¡Historia, Lucha y Memoria! no podemos olvidarnos de nuestras referentes lesbianas, por ello hemos lanzado la campaña en redes sociales #lesbianasenlahistoria, para visibilizar a las mujeres lesbianas que han sido referentes en España y a la que invitamos a toda la ciudadanía y en especial al colectivo LGBTI, a unirse y contarnos a quién consideran un referente en el movimiento lésbico en España. Entre todas, debemos seguir contando y escribiendo la historia, para que nadie más nos invisibilice.

Es por ello que este año, más que nunca, tenemos la responsabilidad de hacernos visibles, de romper de una vez por todas con todos aquellos prejuicios que han provocado tanto dolor y tantas limitaciones, tantas barreras, tantos obstáculos para poder vivir nuestras vidas en libertad y con una posibilidad plena de desarrollo. 

Nos queremos lesbianas visibles porque necesitamos referentes, mujeres que se pronuncien, lesbianas, como nosotras, con nombre propio, con una historia. Queremos ser cotidianidad en las calles, personajes públicos, porque tenemos derecho a vivirnos en todos nuestros ámbitos sin tener que renunciar a nuestras identidades, porque nuestras vidas no van por fascículos en los que podamos separar lo que somos y lo que sentimos dependiendo del trabajo que tengamos, del partido político que gobierne o de la cara que ponga la persona que tengamos delante para decidir si le damos o no un beso a nuestra pareja.

Porque tenemos derecho y cada vez muchas más de nosotras estamos empezando a creérnoslo, a desterrar la homofobia internalizada, a no ocultarnos, a sentirnos parte de esta manada plural de lesbianas, de bolleras, tortilleras, marimachos, porque esta vez, como tantas otras, como en tantas luchas, nos hemos reapropiado del insulto, del intento de herirnos, de frenarnos, y lo hemos hecho nuestro.

Porque somos pluralidad que ya no se esconde, tus vecinas de setenta años que siempre creíste hermanas, la mujer trans que te sorprende con su novia de la mano porque ser trans y ser lesbiana es tan posible como ser cis y ser lesbiana, pero nunca viste una serie en la televisión en la que no tratáramos de gustar a un hombre. Somos la butch y la femme, la butch y la butch, la femme y la femme, somos quienes queramos ser porque salimos del estereotipo de la pornografía machista que nos crea para un público masculino y nos construye parte de un imaginario que no nos representa. Somos lesbianas de todas las etnias, de todas las clases, de todos los barrios, de todos los credos. Somos lesbianas migrantes, con discapacidad, madres, hijas, hermanas, diversas, unidas en la convicción de que lo que no se ve, no existe, y desde luego, nosotras sabemos que existimos. Es hora de que cada vez lo sepa más gente, fuera de la hipersexualización, de la infantilización y del concepto de “amigas”.

Feliz día de la visibilidad lésbica, de todas para todas, porque es hora de que nuestra representación y visibilidad la hagamos nosotras. Por ello te invitamos a reivindicar la visibilidad de tu cotidianidad como mujer lesbiana en las redes sociales y en las calles. Te invitamos a acercarte a nuestras mayores, a agradecerles su lucha que nos ha allanado el camino, a comprometernos a recoger su legado y aprender de su experiencia, a visibilizarlas; porque algún día nosotras seremos esas mayores lesbianas.

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